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Arsenio Huergo, vicepresidente de CEIM: "Dirigir una empresa hoy es afrontar la complejidad"

Las cosas han cambiado, y mucho, y también para los emprendedores. Se han roto los paradigmas, y la crisis de valores que se evidenció ya a finales de los 90 ha tenido también su reflejo en la empresa, que ante este panorama busca sus propias soluciones. Algunas de ellas las expuso ayer Arsenio Huergo, vicepresidente de CEIM, en los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid, en una mesa redonda sobre "La libertad en el empleo".

Julio de 2001. Madrid (11 de jul.). La empresa es un reflejo de la sociedad en la que vive. Por tanto, los cambios sociales obligan a los emprendedores a gestionar cambios en su manera de hacer y a replantearse "cómo está el panorama, el desarrollo, la competitividad y también el empleo". Así se expresó ayer Arsenio Huergo, vicepresidente de CEIM, en la Universidad Complutense de Madrid, concretamente en el curso de verano celebrado en El Escorial sobre "Nuevas perspectivas de emancipación de los jóvenes".

Para Huergo, se ha producido un cambio, especialmente evidente para la gente de su generación, caracterizado por una ruptura de paradigmas. "Antes todo era bipolar, las coordenadas estaban más claras, pero ahora domina una complejidad que hace difícil predecir con fiabilidad lo que ocurrirá dentro de seis meses, y esto afecta a la empresa".

El reflejo inmediato de esta complejidad es la aparición de nuevas demandas en la función básica de la empresa de prestación de bienes y servicios, lo que se traduce en mayores exigencias. "La primera es amoldarse a lo que piden los mercados y los consumidores, lo que hace necesaria una gran capacidad de adaptación", señala Huergo. Para ello, la empresa ha de estar dotada de una proverbial flexibilidad y debe huir de las estructuras rígidas.


Nuevos valores y nuevas exigencias al trabajador

Pero estos factores de flexibilidad y libertad alcanzan sentido y se convierten en algo práctico en la medida en que la propia empresa asume nuevas formas de funcionar, basadas en los principios que rigen la dinámica social. Huergo ejemplifica estos principios en los que inspira, en el ámbito político, la propia existencia de la Unión Europea: "Por ejemplo, el pacto, que es el fundamento de la cohesión social, y la vertebración, porque las empresas trabajamos mejor en un ambiente de equilibrio que en uno de convulsión y por eso instamos a los políticos a que pacten lo que sea necesario", señaló.

Con este panorama, la empresa reclama a sus nuevos trabajadores una serie de condiciones particulares para integrarlos en sus organizaciones. Arsenio Huergo recordó que la mayor parte de los empresarios son pequeños y medianos, y que a sus enormes virtudes de capacidad de trabajo, riesgo, etc., se une una formación escasa para afrontar con ciertas garantías estos nuevos desafíos. Por eso, desde su punto de vista, las exigencias que plantean a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral se concretan en:

Polivalencia: ya se ha superado el debate sobre si son mejores los trabajadores generalistas o los especialistas. Ahora se exige que en distintas circunstancias puedan asumir diferentes responsabilidades.

Movilidad: no sólo geográfica, sino también entre empresas y dentro de la propia empresa.

Formación permanente: el vicepresidente de CEIM bromeó ante los estudiantes de la Complutense al señalarles que "les voy a dar un disgusto", porque el término de la formación académica no es sino el principio de un proceso formativo que dura toda la carrera profesional.



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