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PARA DETERMINAR SU VALOR ECONÓMICO
El capital intelectual, un intangible que se puede medir

Lo que no es medible no es gestionable. Esta aparente obviedad encuentra un nuevo sentido cuando de lo que se está hablando es del conocimiento que reside en una empresa y que determina su potencial productivo y económico. ¿Pero cómo se mide ese conocimiento? ¿Qué referencias hay para valorar el capital intelectual del que dispone mi compañía?

Julio de 2001. El conocimiento es un factor más de producción, lo que implica que las competencias de los individuos son la base del desarrollo económico que, además, "depende de forma creciente de la producción, distribución y uso que se haga del conocimiento". Son palabras de Paloma Sánchez, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, que habló sobre la valoración del capital humano en la empresa en un curso sobre "Nuevas tecnologías, nuevas profesiones".

Para la experta, existen dos evidencias empíricas de la relevancia del conocimiento, como son la expansión de la industria relacionada con él, principalmente el sector educativo y lo que llamó el "hipersector de las TIC", y la escasa relevancia de la información económica y financiera al uso, "que cada vez transmite con menor exactitud la auténtica realidad".

Por otro lado, recordó que no es nueva la consideración del conocimiento como factor productivo, pero sí es completamente novedosa su importancia relativa, mientras que la de otros factores como la tierra, el trabajo o el capital ha decaído de manera considerable y ya no son tan determinantes como en otras épocas.


Sólo se gestiona lo que se puede calibrar

La valoración del conocimiento se sitúa en el marco del análisis del capital intelectual, concepto que procede del marco teórico de los Recursos Humanos y que se divide en tres categorías:

Capital humano: competencias de los trabajadores, conocimiento tácito.

Capital estructural: lo que queda en la empresa cuando se van los trabajadores, como las rutinas, los procesos, las estructuras organizativas, las bases de datos, la tecnología, etc. La empresa intenta transformar ese conocimiento tácito en codificado o expreso para que si un trabajador se marcha se pueda aprovechar.

Capital relacional: incluye todo el conjunto de relaciones externas de la compañía (clientes, proveedores, socios, administraciones públicas, etc.).


Estos factores se integran, según Paloma Sánchez, en el concepto de los activos intangibles, pero con una particularidad: los intangibles tradicionales contaban con un indicador financiero que permitían su medición y, por tanto, su gestión. Así, las patentes, las franquicias, los derechos de autor, los fondos de comercio, las marcas y otros intangibles aparecen en los balances cuando se adquieren a terceros, se venden o generan un ingreso o un gasto directo.

Sin embargo, estas nuevas categorías de capital tienen la característica de que la empresa sólo controla algunos, pero no existen derechos de propiedad protegidos, ni un mercado que permita elaborar una valoración de ellos. "De la I+D en proceso, los secretos de negocio, la reputación, los sistemas de dirección y los procesos mercantiles sabemos lo que cuestan, pero no el impacto que podrán tener", señala Paloma Sánchez.


Proyecto Meritum

Measuring intangibles to understand and improve innovation management (Meritum) es el nombre del proyecto que lidera la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con instituciones de Francia, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, para establecer una serie de directrices que permitan a las empresas contar con referencias para cuantificar su capital intelectual.

El proyecto, que aún no ha elaborado sus conclusiones definitivas, ha analizado 60 empresas europeas, y su actividad se completará con la que desarrolle el E*Know-Net, otra alianza de los anteriores países más Gran Bretaña e Italia, también coordinada por la Universidad Autónoma, destinada a crear una red virtual mundial que ponga en práctica el modelo propuesto por Meritum.

Estos estudios distinguen el recurso intangible, sea activo o competencia, de las inversiones o actividades dirigidas a producir más, medir o gestionar los recursos. Respecto al capital humano, la variable recurso es la cualificación de los trabajadores, por lo que el indicador podría ser el porcentaje de titulados universitarios.


Primeras conclusiones del estudio

Aunque la catedrática señaló que el Proyecto Meritum todavía no puede presentar esas directrices para la medición del capital intelectual, sí adelantó algunas de las conclusiones a las que ha llegado el estudio respecto a las empresas que quieran aplicar modelos de estas características para cuantificar el efecto económico de sus intangibles:

Se trata de un traje a medida: cada compañía debe identificar sus intangibles críticos, lo que le interesa medir a una no tiene por qué servir a otra.

Valoración y gestión, de la mano. Toda empresa que acometa estas acciones ha de ser consciente de que "le llevarán a tomar decisiones para cambiar su forma de funcionar. Si no, las expectativas internas y externas que despierta pueden hacer que el ejercicio se vuelva en su contra", señala Paloma Sánchez.

Rutinas o procesos de apoyo. Según la catedrática, resulta imprescindible la puesta en marcha de rutinas que se integren en la gestión de la empresa y le permitan actuar según lo que se ha medido. Por ejemplo, señaló la necesidad de realizar un marketing interno sobre el interés del proceso, destinado a convencer a los empleados de que a ellos les interesa.


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