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Agentes de futbolistas: el contacto entre estrellas y gestores

Nadie sabe cuánto dinero mueve el mundo del fútbol, pero si hay una figura que puede tener una idea más aproximada es la del agente de futbolistas. En España hay actualmente 55 agentes reconocidos por la FIFA, lo que nos convierte en el segundo país del mundo con más profesionales, sólo superado por el Reino Unido. Quizá no se llegue al grado de profesionalización que existe en EEUU, reflejado en el filme Jerry McGuire, pero el grito de guerra del protagonista de esta película ("Show me the money"!) resulta aquí igual de válido.

Noviembre de 2000. Manuel Míguez "Lito" era director del Banco Pastor de Río de Janeiro, cargo que abandonó para hacerse cargo de la representación de la Caixa en Brasil. Una llamada desde su Galicia natal fue el punto de partida para un cambio drástico en su carrera: el Deportivo de La Coruña, equipo de sus amores, le pidió el favor de que observara las condiciones de unos futbolistas brasileños que le habían recomendado. Su introducción en el mundo del fútbol fue tan rápida como espectacular. Consiguió traer a Bebeto y Mauro Silva y pronto se sucedieron las llamadas de clubes españoles que querían "cracks" para sus equipos. Desde 1995 se dedica profesionalmente a ser agente de jugadores de fútbol. Entre sus últimas operaciones destaca el traspaso de Flavio Conceiçao al Real Madrid, que se concretó finalmente por 3.000 millones de pesetas.

Pero ¿cuál es la función del agente? Según la FIFA, entidad que establece la normativa al respecto en todo el mundo, su trabajo consiste en ser "un consejero que les represente o se haga cargo de sus intereses financieros en las negociaciones que efectúen con los clubes". Esto lo corrobora Alejandro Camaño, coordinador para América Latina de Bahía Producciones, empresa dedicada a la intermediación y a la organización de eventos deportivos, para quien su trabajo se centra en "el asesoramiento deportivo, tanto al jugador para tratar de conseguir lo más ventajoso para su carrera como al club, al que se le recomiendan determinados futbolistas en función de las necesidades que tenga".

Los agentes reconocidos por la FIFA son siempre personas físicas, no jurídicas, que tras depositar un aval de 25 millones de pesetas, presentar un certificado de penales y someterse una entrevista personal en la que ha de demostrar sus conocimientos sobre reglamentación y derecho, reciben la licencia oficial para actuar como tales. Sólo ellos están legitimados para intermediar en las operaciones de los futbolistas, aunque en este apartado las excepciones son múltiples.

Por ejemplo, Miguel Santos, agente que presenta una de las carteras de jugadores más espectaculares del mercado español, con nombres como Camacho, Javier Irureta, Karanka o De Pedro, es el agente FIFA que valida las operaciones que llevan a cabo intermediarios que trabajan para él, en este caso algunos ex futbolistas de prestigio como Peio Uralde, Vicente Biurrun o Iñaki Ibáñez. La misma situación se produce en Bahía Producciones, donde el agente autorizado para concretar las operaciones es el director general de la empresa, José Antonio Martín Otín, aunque el día a día de las gestiones lo lleven otras personas, como el citado Camaño, que no dispone de la licencia. Bahía representa en la actualidad a más de cien jugadores, de distintas categorías y cotizaciones.

Con este volumen de clientes y la progresiva profesionalización de su actividad, los agentes dedican buena parte del año a la captación de nuevos jugadores y el establecimiento de pactos con colegas extranjeros, sin dejar de observar las necesidades que se vayan detectando en los diferentes equipos. Manuel Míguez señala que "el verano para nosotros es una época de histeria. Ahora en diciembre vuelve a abrirse la posibilidad por parte de los equipos de realizar fichajes, pero no hay bombazos, sino más bien parches. Salvo en estos dos momentos clave, el resto del año se dedica a viajar y, en mi caso, a organizar algunos torneos veraniegos".


Compromisos e infidelidades

La reglamentación de la FIFA determina que un agente sólo podrá prestar sus servicios a un jugador en el caso de que exista entre ellos un contrato escrito, cuya duración máxima será de dos años, renovable con el consentimiento de ambas partes. También en este aspecto las excepciones son abundantes. José Manuel García, redactor del diario Marca, asegura que "el compromiso que existe entre el futbolista y el agente se establece por el ancestral sistema del apretón de manos. Los contratos no suelen tener valor porque, en caso de incumplimiento por parte de un jugador, si el agente le lleva a los tribunales sabe que ningún otro futbolista se le acercará".

Lo que fundamenta la relación entre ambos y asegura la permanencia de los pactos es la confianza, aunque como señala Manuel Míguez "Lito", esto se convierte en un arma de doble filo: "Al final uno acaba convirtiéndose en la niñera de los jugadores, que lo mismo te llaman para que les gestiones el cobro de unos atrasos como para preguntarte cómo pueden financiar la compra de un chalet. En muchos casos se da la circunstancia, además, de que el agente es la única persona con la que tienen relación, porque es su único conocido en el nuevo club. No hay que olvidar que se trata de chavales de 20 ó 25 años que de repente manejan mucho dinero".

La juventud y la inexperiencia de los futbolistas los convierte en presa fácil de "tiburones" que se acercan a ellos atraídos por el montante de unos contratos que, aun en los casos más modestos, presentan unas cifras espectaculares. Camaño asegura que "la infidelidad de los jugadores, a pesar de la existencia de contratos, es real, pero en cualquier caso depende del servicio que se les dé". De la misma opinión es Míguez, quien confirma que en ocasiones se dejan seducir por cantos de sirena "y atienden las promesas del primero que pasa asegurándoles que van a conseguirles un contrato multimillonario, pero a la larga acaban volviendo con su agente original, porque más vale lo malo conocido".


Un mercado que no para de inflarse

Las idas y venidas de los futbolistas de un agente a otro no pueden extrañar observando cómo ha evolucionado este deporte en los últimos años. La irrupción de las televisiones con sus multimillonarios contratos y la libertad de contratación de jugadores en el ámbito europeo han abierto hasta límites nunca sospechados los márgenes de exigencia de agentes y deportistas. "El futbolista, gracias a ellos, se ha espabilado y son los agentes los que han hecho saltar la banca en el fútbol a favor de los jugadores", afirma José Manuel García. Para el periodista, "hasta hace poco era impensable que ganaran mil millones de pesetas por temporada libres de impuestos, y esto se debe a la acción de los agentes. Han encarecido el fútbol en general, también amparados por la Ley Bosman, de la cual han sido los mayores beneficiados".

Además, el filón no se acaba en el trato con los clubes. La ya citada profesionalización de los representantes los ha convertido en los candidatos ideales para ocuparse de todos los asuntos financieros que atañen al deportista, incluidos los contratos de publicidad y de imagen. En definitiva, de lo que se trata es de que el jugador no se desgaste en gestiones y negociaciones. Como reconoce Manuel Míguez, "él plantea al agente sus aspiraciones económicas y éste se pelea por conseguir esas cantidades, pero el futbolista no tiene que intervenir directamente.

En última instancia, el agente o intermediario lo que hace es aunar voluntades". Y curiosamente, como ocurría en la película "Jerry McGuire", una de las primeras voluntades que ha de captar el representante es la del padre del jugador, única figura legitimada por la FIFA para representar sus derechos aparte de los agentes con licencia. Habitualmente el padre acaba dejando en manos del agente de su confianza la gestión de los contratos del deportista, aunque en nuestro fútbol hay algunos casos atípicos de jugadores de élite cuyos padres han seguido llevando sus asuntos, como Kiko, Joseba Etxebarria o Alfonso, aunque a éste último el traspaso al Barcelona se lo llevó el agente Manuel Ferrer.


Un negocio muy lucrativo

La bomba del verano, la operación que marcó el inicio de la Liga y estableció un momentáneo tope dentro de la locura millonaria del fútbol ha sido el fichaje del portugués Luis Figo por el Real Madrid, equipo que tuvo que desembolsar 10.000 millones de pesetas al Barcelona. A bastante distancia se situaron otras operaciones de calado como el traspaso de Diego Tristán al Depor (3.000 millones) el de Alfonso al Barcelona (2.200) o el de Makelele al Real Madrid (1.500). De estas suculentas cantidades el agente se cobra sus servicios de intermediación y de gestión. Según Manuel Míguez, "hay que distinguir la labor de representación de un jugador de la pura intermediación a la hora de determinar lo que se cobra".

En el primer caso, el compromiso que une a agente y jugador hace que aquél reciba un 10 por ciento del valor del contrato del futbolista durante el primer año, aunque cuando se trata de jugadores brasileños se impone la tradición vigente allí, por la cual ese porcentaje se cobra sobre el valor total del contrato. Por su parte, la intermediación "se concreta en que un club determinado requiere los servicios de un jugador y solicita al intermediario su ayuda. En estas circunstancias se pacta la comisión, que en muchas ocasiones también asciende al 10 por ciento, pero depende de la cantidad total. Lo normal es que si la operación asciende, por ejemplo, a 4.000 millones, no se cobren 400", afirma Manuel Míguez.

¿Y cuando el representado es un entrenador? En este caso, puede darse la situación de que el agente no le cobre por los servicios que presta, pero una vez que el técnico está al frente del equipo recibe múltiples sugerencias sobre jugadores que están en la nómina del agente. Como señala José Manuel García, "aquí ocurre como en cualquier otro ámbito en el que se mueve mucho dinero: la ética se olvida en demasiadas ocasiones, y aunque hay agentes que son serios y que son capaces de sacrificar una ganancia en aras de conseguir un acuerdo ventajoso para el futbolista, también hay mucho advenedizo que se arriesga sabiendo que el negocio puede ser muy rentable tan sólo con que salga adelante una operación".


El futuro del fútbol

El riesgo que entraña el desmedido y continuado aumento de las cantidades que se barajan resulta evidente, a pesar de que el mercado no se limita a la Primera División, sino que se extiende a Segunda y Segunda B. "Los jugadores cada vez piden más dinero y no hay que descartar que ocurra lo que pasó en su día con el baloncesto, donde muchos deportistas pasaron de contratos millonarios a cantidades mucho más modestas en poco tiempo", asegura Manuel Míguez, quien considera que "el fútbol en general no está aprovechando el momento en el aspecto económico porque no se están creando estructuras de club, no se aplican criterios empresariales. A veces es mejor que el presidente no sepa mucho de fútbol pero domine la gestión, como es el caso de Florentino Pérez en el Real Madrid".

"Las cifras del fútbol están desproporcionadas", afirma José Manuel García, "pero no soy agorero sobre el futuro porque mientras haya niños jugando existirá el fútbol. Otra cuestión es que los clubes sepan administrar esas rentas, y hoy mismo podemos ver casos de equipos que han sabido realizar una gestión seria y otros que no, lo cual se traduce en los resultados deportivos".


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